Gianna había escuchado innumerables historias sobre la mansión de piedra de los Ashbourne. Todos en la manada conocían su existencia, pero jamás había visto una foto ni tenido una descripción que hiciera justicia al lugar. Ahora, frente a ella, se sentía completamente anonadada.
Al bajar de la camioneta nueva de Darragh —una imponente Rolls-Royce en color negro que relucía bajo la luz del sol—, no pudo evitar quedar boquiabierta. Su mirada ascendió por las altas paredes de piedra y recorrió cad