Gianna apretó con fuerza la muñeca de la oráculo en un intento desesperado por liberarse, pero su esfuerzo fue inútil. El agarre era como una barra de acero que no cedía ni un milímetro.
Con horror, notó cómo el cuello de la mujer se alargaba de forma antinatural hasta que su rostro quedó a centímetros del suyo. La proximidad era aterradora, y por un instante, Gianna dejó de estar segura de qué tenía frente a ella.
¿Era realmente una oráculo? ¿O algo completamente distinto?
El agarre disminuyó l