Capítulo 31.
Ha comenzado a llover afuera de la cueva, pero no me importa, ahora solo puedo pensar en una cosa: El placer.
—Si Jason… Ahí es muy bueno… Tan profundo… —gimo sin parar, aferrándome a él con fuerza, tirando de sus obscuras hebras de cabello obscuro entre mis dedos por todo el placer incontrolable que siento.
Toda la cueva se llena con el sonido de mis gemidos y los chapoteos de nuestros cuerpos, Jason sigue estimulando mis pezones con sus labios, mientras que sus hábiles manos están en mi sexo,