—Mira esto, Sofía —dijo Celina, sosteniendo un diminuto gorro de lana blanco—. ¿No es adorable?
Sofía sonrió, aunque su mente estaba distante. Se encontraban en el centro comercial, comprando algunas prendas para el bebé de Sofía.
—Es lindo, mamá. Gracias por acompañarme.
Celina dejó el gorro en el carrito y se giró hacia su hija con una sonrisa cálida, pero preocupada.
—Por supuesto que estoy aquí, hija. Este bebé es una bendición para nuestra familia. Quiero asegurarme de que todo esté perfe