En una sala discreta de una notaría, Amanda y Santiago firmaban los documentos que sellaban su matrimonio. La simplicidad del acto contrastaba con la profundidad de sus emociones. No había invitados, ni flores, ni una celebración elaborada, solo la presencia de los padres de Amanda, quienes miraban con orgullo y algo de nostalgia a su hija.
El abogado les entregó los papeles finales con una sonrisa formal.
—Felicidades a ambos. Ahora son oficialmente marido y mujer.
Los padres de Amanda se acer