La estación de policía estaba envuelta en una atmósfera densa y fría. La luz blanca de los fluorescentes acentuaba las expresiones tensas de quienes aguardaban respuestas.
Sofía y Estuardo cruzaron las puertas, ambos con el corazón latiendo rápidamente, aunque por razones distintas.
En el interior, Celina ya estaba allí. Celina caminaba de un lado a otro,
—¿Qué está pasando? —preguntó Sofía, deteniéndose frente a ellas.
Celina suspiró, deteniéndose en seco para enfrentar la mirada inquisitiva