El viento susurraba entre los cipreses del cementerio, llevándose consigo el aroma fresco de las flores que adornaban las lápidas.
Estuardo se detuvo frente a una sencilla tumba de mármol gris, su rostro una mezcla de emociones difíciles de descifrar. En sus manos llevaba un pequeño ramo de lirios blancos, las flores favoritas de su tío.
Se inclinó con cuidado y colocó las flores sobre la lápida, donde el nombre de Jan Carlo Ferreti estaba grabado en letras elegantes. Permaneció en silencio, o