Elizabeth no regresó a la casa de su marido, en cuanto salió de la empresa se dirigió al hogar de su familia.
Necesitaba a su madre a su lado en ese instante.
Cuando la tuvo de frente supuso que su estado no era el mejor, porque su madre se levantó enseguida y se apresuró a abrazarla.
—¿Qué te ocurre, pequeñita?
En aquella casa nunca la tratarían como a una adulta responsable, pero en aquel instante poco le importó.
Necesitaba de ese cariño y de ese amor tan incondicional.
—Me engañó, mamá, ocu