Tres años después…
—¿Estás preparada para tu despedida? Porque yo no lo estoy, no puedo creer que te vayas a marchar —le dijo su mejor amigo mientras Elizabeth se encontraba frente al espejo haciendo los últimos retoques en su aspecto.
La mujer que mostraba el reflejo podía llamarse igual a ella, pero poco quedaba de lo que un día fue.
Cincuenta kilos menos, ejercicio diario, una dieta muy estricta y muchos cambios superficiales componían a la nueva Elizabeth.
Una que estaba llena de rencor y d