Samanta
—... y mi padre prometió que si Robert vuelve a meterse conmigo le va a sacar los ojos con sus propias manos.
Samuel soltó una pequeña risa al terminar de escuchar mi relato y se encogió de hombros.
—Es lo mínimo, yo en su lugar haría lo mismo —dijo con soltura—. Es más, si se acercara en este momento, clavaría mi puño en su put*a cara.
—Samuel… —musité su nombre con un tono cargado de advertencia, pero no pude disimular la media sonrisa que se cruzó en mis labios ante el instinto pr