Marcos
No dije una palabra en todo el trayecto hacia la comisaría.
Sam conducía con la mirada fija al frente y sus nudillos estaban blancos de tanto apretar el volante. Podía ver cómo respiraba entrecortado, intentando mantener la calma, pero cada tanto sus labios temblaban, como si luchara contra el llanto.
La adrenalina aún corría por mi sistema, pero poco a poco la realidad inundó el espacio que compartíamos.
Robert había vuelto a hacer de las suyas poniendo a Sam en una situación lo bastan