Samanta
El silencio de la biblioteca era casi terapéutico.
El sonido de las páginas al pasar y el tecleo lejano de algún estudiante concentrado me ayudaban a mantener la mente ocupada, a no pensar demasiado. Había estado repasando mis apuntes durante la última hora, intentando distraerme de todo lo ocurrido en los últimos días.
—¿Sam?
Levanté la vista y sentí un vuelco en el estómago. Robert estaba frente a mí, con el rostro relajado, aunque sus ojos tenían ese brillo tenso que me resultaba ta