Samanta
Lo mejor de que me hubieran suspendido las clases en la Universidad era que podía dedicarle tiempo extra a mi vida personal, como, por ejemplo, visitar a mi abuela. Ella era una de mis personas favoritas en el mundo; bastaba compartir un momento juntas para sentir que me reiniciaba, que volvía a estar completa.
—Ahora sí te tengo atrapada —dijo de pronto, con una chispa traviesa en los ojos—. Cuéntame quién es ese chico que te tiene suspirando.
Sonreí divertida al ver la postura que ha