Marcos
Decir que me encontraba enojado era poco. La rabia hervía en mis venas, pero lo que más me consumía era la decepción.
No podía comprender en qué momento Samanta había cedido ante la presión de Robert. ¿Cómo había permitido que la arrastrara de nuevo a su mundo, después de todo lo que había sufrido por él?
Era como ver cómo alguien camina directo hacia un abismo, sabiendo que vas a gritar hasta quedarte sin voz y aún así no te escuchará.
—Solo digo que hay que respetar su decisión —insist