Samanta
Sentía que mi corazón podría salir corriendo de mi pecho en cualquier momento; podía escuchar los latidos cada vez más fuertes. Llevé una mano sobre mi pecho y respiré profundamente, inhalando lento. Me acomodé el cabello y, por fin, sonreí al ver a Emilia salir corriendo del colegio.
—¡Hola, Cham! —mi hermanita corrió a mis brazos y la recibí con un beso sobre su frente.
—¿Cómo estuvo tu día? —pregunté con una sonrisa. Le quité la mochila de los hombros y la coloqué en los asientos tra