Bernardo estaba furioso.
Sus pasos resonaban pesadamente en el pasillo mientras maldecía entre dientes.
Elinor, desesperada, había acudido a él en busca de ayuda, pero su respuesta fue tajante y cruel.
—Si vuelves a nombrarme, Elinor, te arrepentirás de haberme conocido.
Elinor retrocedió, temblando.
Su miedo era palpable, y con un movimiento torpe, recogió sus cosas y escapó. No podía arriesgarse a enfrentarlo de nuevo.
Sin embargo, su breve encuentro con Bernardo fue suficiente para cambiar el