Cuando sus labios se separaron, ambos quedaron inmóviles, aturdidos por lo que acababa de ocurrir. Salvador y Alma intercambiaron miradas llenas de asombro y confusión, como si el mundo se hubiese detenido por un instante.
—¿Por qué me besaste? —preguntó Alma con un susurro, tratando de procesar lo que había pasado. Su voz tenía un matiz de reproche, pero también de vulnerabilidad.
Él desvió la mirada por un momento, luego la enfrentó con algo de nerviosismo.
—Tú también me besaste… —murmuró con