Pronto, todos visitaron al nuevo bebé y a la hermosa mamá.
La habitación del hospital estaba llena de risas, susurros emocionados y miradas de ternura.
Suzy abrazó a su hija con lágrimas en los ojos mientras Franco sujetaba a Florecita para que pudiera besar la frente de su hermanito.
Más tarde, en los cuneros, Franco y Dylan observaban al pequeño a través del cristal. La cálida luz bañaba al recién nacido, destacando su fragilidad y perfección.
—Es un pequeño hermoso —comentó Franco, con una so