—¿Sabes? —Marella suspiró, bajando la mirada—. Eduardo me besó hace unos días, pero no sentí nada. Solo asco, rabia… Como si el amor que sentía se hubiera evaporado por completo. Y Dylan… él es tan diferente. Cuando estoy entre sus brazos, es como si el mundo desapareciera. Me siento deseada de una manera que nunca imaginé.
Suzy la miró con ternura y curiosidad a la vez.
—¿Y.… no han estado juntos?
Marella sintió sus mejillas arder. Bajó la cabeza, atrapada entre el deseo y la vergüenza.
—¡No! —