Más tarde, Glinda fue al laboratorio.
Se encargó de que los resultados fueran enviados directamente a su correo electrónico.
Cada segundo contaba, y la ansiedad la consumía. No quería levantar sospechas, pero una parte de ella sentía que se estaba adentrando en un terreno peligroso, uno del que no podría regresar tan fácilmente.
Al llegar a casa, se apresuró a cerrar la puerta tras ella, intentando mantener la calma.
A pesar de su fachada controlada, un torbellino de pensamientos y temores recor