—¡¿Qué estás diciendo, Alma?! ¡Dime que esto es una m*****a broma! —explotó Bernardo, su voz cargada de furia, y sus manos temblaban de impotencia.
Alma, sin embargo, no se inmutó. Sus ojos brillaban con una determinación que Bernardo no había visto antes.
Lentamente, una sonrisa irónica se dibujó en su rostro.
—No es una broma. Esta es la verdad, Bernardo. No me casaré con un traidor que ama a Mora. Eres un cobarde, un hombre incapaz de tomar una decisión, y lo peor de todo… es que me usaste. —