Al salir de la iglesia, los novios no se detuvieron a recibir las típicas felicitaciones.
En lugar de eso, subieron rápidamente al auto junto a la pequeña Florecita, y se marcharon, dejando una estela de incomodidad en el aire.
El acto de desdén de Alma golpeó a todos como una sombra, y el silencio que siguió a su partida parecía más pesado que cualquier palabra no dicha.
Franco, viendo la escena desde la distancia, sintió una creciente ansiedad que le oprimía el pecho.
Quiso correr tras ellos,