Días después.
Cuando Máximo estaba por ser dado de alta, Dylan estaba esperando en el hospital, apoyado contra una pared con una expresión indescifrable. Al verlo, Máximo intentó sonreír, sus ojos reflejando una mezcla de esperanza y súplica.
—¡Hijo! Viniste a verme… —dijo con la voz entrecortada, queriendo acortar la distancia entre ambos.
Dylan negó, lentamente, su semblante endurecido como una roca.
—No vine por ti, Máximo —respondió con frialdad—. Vine porque me das lástima.
El impacto de es