Dylan y Miranda respondieron a cada pregunta con una honestidad contundente. La trabajadora social los observó en silencio antes de dictar su veredicto.
—Cuando la pequeña se recupere, deberá ser llevada a un orfanato.
Dylan sintió como si el aire abandonara la sala de golpe. Sus ojos se abrieron enormes, incrédulos.
—¿Qué ha dicho? —exclamó con la voz quebrada.
La mujer mantuvo su postura profesional, pero no exenta de cierta compasión.
—Lo lamento, pero es el protocolo.
—¡No pueden hacer esto!