A la mañana siguiente, Lilith despertó envuelta en una sensación extraña, casi irreal.
Durante unos segundos no supo en dónde estaba, ni qué había pasado la noche anterior. Su cuerpo le dolía de una manera profunda, como si cada músculo hubiese sido exigido al límite, como si un camión entero hubiese pasado sobre ella sin piedad.
Sin embargo, ese dolor no venía acompañado de angustia, sino de algo completamente distinto: una calma dulce, una satisfacción silenciosa… y una sonrisa que, sin que pu