La penumbra de la habitación parecía cobrar vida propia, cargada de una tensión eléctrica que hacía que el aire pesara. Lilith dio un paso decidido hacia adelante, rompiendo la distancia de seguridad que él intentaba mantener. Dominic, el hombre que siempre se mostraba como una roca inamovible, retrocedió hasta que sus talones chocaron contra el borde de la cama.
—¿Me tienes miedo? —susurró ella, con una voz que era una mezcla de desafío y súplica.
Dominic titubeó. Su pecho subía y bajaba con un