—¡No tengo nada que esconder! —la voz de Valentino Black resonó con firmeza en la sala de juntas, cargada de autoridad y un dejo de desafío—. Pueden iniciar la auditoría cuando quieran.
Los hombres frente a él intercambiaron miradas breves. Sabían perfectamente quién era Valentino Black: un empresario frío, meticuloso, casi imposible de derribar. Sin embargo, las órdenes venían de más arriba, y ellos solo cumplían su trabajo.
—Mañana comenzará, señor Black —respondió uno de ellos con tono neutro