—¡No, no estoy embarazada! —dijo Alyna con más fuerza de la que realmente sentía—. Solo… estoy un poco enferma hoy, por lo que pasó antes.
Su voz sonó firme, convincente para cualquiera que no supiera mirar más allá de las palabras.
Pero por dentro… todo era un caos. Sus pensamientos se atropellaban unos a otros, su respiración no lograba estabilizarse del todo, y su cuerpo, traicionero, parecía más consciente de la verdad que ella intentaba negar.
Marisol no dijo nada de inmediato. La observó.