En el hospital, el caos y la angustia se sentían en cada rincón.
Corrieron por los pasillos con desesperación, como si cada segundo pudiera marcar la diferencia entre la vida y la muerte. El corazón de Marisol latía con una fuerza descontrolada, tan rápido que le dolía el pecho. Apenas podía respirar, y aun así no se detenía.
Cuando llegaron a la sala de urgencias, todo parecía moverse demasiado rápido y demasiado lento al mismo tiempo. Luces blancas, voces apresuradas, el sonido de camillas y p