Valentino levantó la vista cuando vio a Lilith correr por el jardín, su risa cristalina mezclándose con los ladridos emocionados de la pequeña Candy. El sol de la tarde bañaba todo con una luz cálida, casi mágica, como si ese momento estuviera destinado a quedarse grabado para siempre.
—Lilith —la llamó con una sonrisa.
La niña giró de inmediato, reconociendo la voz de su padre, y corrió hacia ellos con la energía inagotable que solo los niños parecen tener. La cachorrita la siguió, torpe pero f