Marisol y Valentino llegaron casi al mismo tiempo, con la respiración agitada y el corazón golpeándoles el pecho con una fuerza desesperada.
El escenario frente a ellos era peor de lo que habían imaginado: el suelo húmedo por la lluvia reciente, el cielo aún gris, y ese acantilado peligroso que parecía abrirse como una amenaza silenciosa.
Pero nada de eso importaba.
Marisol solo veía a su hija.
Ver a Lilith en brazos de Lara, llorando, temblando, con el rostro lleno de miedo, fue suficiente para