Anabela llegó acompañada de Eliana y, al abrir la puerta, sus ojos se encontraron con una escena que las dejó sin aliento. El corazón de Anabela palpitaba con fuerza, y una mezcla de ira y desconcierto se dibujaba en su rostro.
—¡Dios mío! ¿Qué significa esto, Carlo? —exclamó, su voz temblando por la indignación—. ¿Acaso crees que la mansión Black es un hotel? ¿Crees que puedes humillar a esta jovencita y dejarlo así, como si nada?
Alina estaba arrodillada, su rostro enrojecido por la vergüenza,