Valentino esbozó una sonrisa lenta, calculada.
No era un hombre que actuara sin pensar; cada movimiento suyo estaba medido, cada palabra tenía un propósito.
Y sí, ya había contemplado cada variable. Ya tenía una solución.
—Tengo todo bajo control.
Lo dijo con esa seguridad.
Abrió la puerta del auto con calma y descendió para ir al edificio de Servicios Infantiles.
René lo siguió de inmediato, unos pasos atrás, en silencio.
El ambiente dentro del edificio era frío. Demasiado impersonal.
**
Maris