El silencio en la oficina era tan denso que Marisol podía escuchar los latidos acelerados de su propio corazón.
“Estoy en las manos de este hombre”, pensó Marisol mientras apretaba los puños.
El miedo de perder a su hija para siempre era terrible.
Observó la espalda de Valentino, cubierta por un traje de corte perfecto que acentuaba su porte autoritario.
No podía dejar que se fuera. Si él cruzaba esa puerta, sus esperanzas de recuperar a Lilith se desvanecerían.
—¡Señor Black, yo… acepto su pro