Valentino la miró, y de repente, un recuerdo enterrado emergió con la fuerza de un tsunami.
Aquella noche de hace años... la penumbra, el aroma a flores silvestres, una mujer entregada en la oscuridad de su cama bajo el efecto de una droga que casi le cuesta la cordura.
¿Por qué esta mujer, bajo esa luz miserable, le recordaba tanto a ese fantasma que lo perseguía en sueños?
—Llévenselo —ordenó Valentino, su voz era hielo puro dirigida a Ruiz—. Y que detengan al comisario. Llamen al gobernador.