Al día siguiente, la noche cayó con una calma engañosa, como si el destino estuviera aguardando en silencio el momento exacto para intervenir.
Marisol estaba lista.
De pie frente al espejo, se observaba con detenimiento, casi como si intentara reconocerse en el reflejo. El vestido color perla se deslizaba con elegancia sobre su cuerpo, abrazando cada curva con una sutileza que no necesitaba exageración. Era un tono suave, delicado, pero a la vez imponente, como ella misma.
Sus manos temblaron ap