Pronto llegó la hora en que debían regresar a casa.
El viaje había sido hermoso, casi irreal, como un pequeño escape del mundo donde todo parecía perfecto. Pero la realidad siempre encontraba la forma de alcanzarlos.
Marisol lo sabía.
Mientras el yate se acercaba lentamente al muelle, su corazón comenzó a inquietarse. No era por Valentino… no del todo. Era por su hija.
La había llamado varias veces durante el viaje. Había escuchado su voz dulce al otro lado del teléfono, le habían dicho que esta