La voz de Sonia Belmont se quebró en un grito lleno de furia descontrolada.
—¡Ese maldito bebé no va a nacer! ¡No puedes tener un hijo de ese bastardo! ¡Solo de mi hijo!
El aire en la habitación se volvió denso, cargado de tensión. El odio en su voz parecía llenar cada rincón, como si la misma pared absorbiera su rabia.
Pero Lilith no retrocedió.
Algo dentro de ella se rompió… y al mismo tiempo se encendió.
Sin pensarlo, levantó la mano y la abofeteó con fuerza.
El sonido del golpe resonó seco.