••Narra Alexander••
El whisky en mi vaso había perdido su sabor hacía rato, ni siquiera lograba quemar mi garganta. Estaba sentado en el sillón del vestíbulo del hotel, fingiendo escuchar a Frederick, pero cada fibra de mi ser estaba concentrada en la puerta de entrada. Mi rodilla no dejaba de moverse bajo la mesa, un tic nervioso que detestaba pero que no podía controlar.
—Así que, como te decía, la oferta del terreno en Niza se ven más tentadoras para ti que las de Paris… —Frederick hablaba,