Las palabras flotaron en el aire, pero Alexander no respondió. En su lugar, caminó, lento y seguro, con sus manos en los bolsillos.
Su respuesta era definitiva. Si me rechazaba, no solo habría perdido la oportunidad de oro con mi “movimiento estrella” también le habría dado razones nuevas a mi padre para que se moleste y se desquite con mi madre.
Alexander debía responder que sí, debía aceptar. Era la única opción que yo tenía para sobrellevar la situación. Pero conociéndolo, era capaz de neg