Mi padre y Marcos estaban en dos extremos distintos, sin verse. Gracias al cielo.
Aunque solo era cuestión de tiempo. Si mi padre no sabía que Marcos, el mismo hombre al que le ofreció dinero por alejarse de mí, era ahora un hombre con dinero, se iba a enterar justo esta noche.
—¿Tú hiciste esto? ¿Por qué? —Confronté a mi esposo, quién me miró con aquellos ojos fríos e inexpresivos.
—Tú no eres la única que puede hacer sus movimientos, Kiara. Esto forma parte del juego —declaró. Su mano fu