Haría mi jugada maestra, solo necesitaba conseguir la oportunidad perfecta. Una que Alexander no pudiera detener.
—Parece que el cerebro te está humeando. ¿Ya estás planeando tu próximo movimiento maestro? —Me sobresalté al escuchar aquellas voz grave y masculina.
Me giré, mirando la puerta, donde estaba apoyado, observándome sin expresión alguna.
¿Cómo podía hacer un “chiste” con aquel rostro inexpresivo?
Dejé el teléfono como si me hubiera quemado. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí observ