••Narra Federico••
—Esa maldita perra —Me sobé la mejilla, tratando de calmar el dolor palpitante—. Me pegó esa tabla con todas sus fuerzas. No me interesa lo que me diga Marcos, le romperé los dientes antes de entregarla.
Hubiese ido tras ella yo mismo, solo para divertirme cazándola, pero aún no me había recuperado por completo de la paliza que me dieron esos dos infelices. Los huesos de mi mano aún se estaban recuperando. Podía sentirlo al soldarse.
Ese nuevo valor que poseía era irritant