••Narra Kiara••
Los ojos me pesaban, sintiendo como la oscuridad me consumía. El estómago me rugía con fuerza. Por suerte, no había nadie que presenciara la orquesta en la que se había convertido mi débil estómago. Cuando vivía con mi padre comía poco, normalmente, me alimentaba de las sobras que él dejaba. Ya estaba acostumbrada a pasar hambre. O eso creí. Tres años viviendo en esta mansión con mis tres comidas diarias más todo lo que se me antojara, me había vuelto débil. Antes soportaba los