Tragué saliva al entrar a la estancia. La que se supone era mi estancia, pero ese hombre de mediana edad que estaba sentado en el centro, actuaba como si fuera suyo.
Por un segundo, me quedé de pie en la entrada, observándolo. Lo había visto en persona menos de cinco veces en tres años, por lo cual, no estaba acostumbrada a su presencia. Su barba era puramente blanca, al igual que su cabello. Supongo que en su juventud, su tono debió ser muy parecido al de Alexander. O al menos, así lo imagin