Mi corazón latía rápidamente, al punto que lo podía escuchar zumbar en mis oídos.
Por mi mente estaba pasando mi frágil autoridad, que podría ser fácilmente quebrada ante la desobediencia.
Jamás les había ordenado nada a estas personas. No me veían como alguien a quien tenerle respeto, sino bajo control. Hace unas pocas semanas, su orden era mantenerme dentro de esta mansión. Y ahora me encontraba aquí, fingiendo ser la señora de esta mansión cuando no había asumido ese papel en estos tres año