Jason se movió con la agilidad de un depredador acorralado. Sus ojos brillaban mientras observaba a Valerie temblando sobre la cama. Con un movimiento brusco, apuntó con su navaja y cortó las ataduras de las manos y los pies de la joven en cuestión de segundos.
—¡Métete al baño! ¡Ahora! Si haces el más mínimo ruido, me aseguraré de que jamás salgas de ahí con vida —siseó Jason justo frente al rostro de Valerie.
Valerie, todavía débil, solo pudo asentir resignada. Se arrastró hasta el baño cubie