El viejo almacén de la zona industrial de Iztapalapa olía a humedad y hierro oxidado. Dentro del estrecho baño, Valerie sintió que su mundo se derrumbaba. El hombre tatuado avanzó hacia ella mientras dejaba caer su cinturón de cuero al suelo con un tintineo aterrador. Luego arrojó su chaqueta negra a un rincón, quedándose únicamente con una camiseta sin mangas que dejaba al descubierto sus músculos toscos.
—No me mires así, preciosa —susurró con una voz ronca cargada de deseo—. Jason quiere ven