Esperanza avanzó lentamente por la amplia terraza, con la mirada afilada fija en Andrik, el joven chofer que aún sostenía su teléfono con evidente nerviosismo. La tarde en Lomas de Chapultepec se sentía pesada y sofocante.
—¿Con quién hablabas, Andrik? —preguntó Esperanza con una voz fría y penetrante.
Andrik se sobresaltó violentamente. Con rapidez guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón y se giró hacia ella, forzando una sonrisa torpe y poco convincente.
—Oh… solo era mi familia en P