Arnulfo estacionó la hummer derrapando las llantas, y salió en compañía de Ernesto corriendo con rapidez. Pasaron por la zona acordonada del lugar e ingresaron a la sala, justo donde se encontraba el agente David.
Ernesto recorrió con su mirada el interior del lugar, entonces sus ojos se abrieron de par en par al observar una gran mancha de sangre sobre las baldosas. Se llevó las manos al cabello y tiró de él.
—Esto no puede estar sucediendo —dijo con horror—, no la puedo perder otra vez —expre